Entrevista con Julia González (a mai do Toño de Alicante)

 

 

El 15 de Septiembre de 2002, sobre las 11 de la mañana, me reuní con Doña Julia González, una persona que ha pasado gran parte de su vida en Roblido y ha conocido como pocos el crecimiento que ha experimentado el pueblo a lo largo de los años.

 

Actualmente reside en Crevillent (Alicante) pero durante la época veraniega vuelve año tras año a Roblido para recordar, entre todos, experiencias vividas en su juventud.

 

Este es el resumen de la entrevista que tuve con Julia (a mai do Toño de Alicante.) La mayoría de los hechos que se narran datan de los años 30, 40 y 50.

 

 

 

Sentados en una pequeña mesa circular, Julia, Loli y yo entablamos conversación. En un sofá, a escasos metros, está Manolo (el marido de Julia) que interviene a veces en la conversación aportando su experiencia.

 

Roblido Web: ¿Has vivido siempre en Roblido antes de venirte hacia Alicante?

 

Julia: No, estuve en Fontey viviendo con mis padres 2 años porque a mi padre le dieron trabajo en A Rúa, pero mi casa siempre estuvo en Roblido en O Arieiro (actual casa de Armando), donde vivía con mis padres, mi abuela Claudina y mi Tío Manolo. Tras enfermar mi madre (Dolores) cuando estábamos en Fontey volvimos a la casa de Roblido donde murió mi madre. Entonces quedé viviendo con mi abuela y Armando que también era huérfano. Tenía yo por entonces 6 años. Mi padre Tertuliano fue a vivir con su madre (la abuela Sara) a la casa que tenemos en la calle Penedo. Fue tras morir Sara cuando fui a vivir con mi padre. – La casa de a rúa Penedo es donde veranea en la actualidad Julia. En la planta baja, donde antes guardaban el ganado, ahora hay una cocina y un amplio salón. –

 

RW: Hablemos de tu infancia en Roblido, ¿dónde estaba la escuela?

 

Julia: Estaba al lado de la casa de Charo, en el bajo de Inés. Después se pasó a la casa de Rosa y Pedrín (donde hace pocos años había un teléfono público), y más tarde se pasó a la planta baja de lo que en la actualidad es el bar del pueblo, allí es donde estudiaron mis hijos.

Íbamos todos juntos a clase, de distintas edades, éramos unos 60 niños y niñas. Los más mayores se sentaban delante. Las clases nos las daba Doña Catalina (la mujer de Eliseo).

 

RW: ¿Qué recuerdos tienes de la escuela?

 

Julia: Uy, dábamos aritmética, geografía, historia,… Cuando era más pequeña me daban el catón, el silabario, más tarde mis hijos tenían el primer camarada y el segundo camarada, el manuscrito, el florido pensil, los Álvarez,…

 

RW: ¿Con que juegos os divertíais de pequeños?

 

Julia: Pues mira,  jugábamos a O cachete, O Puxon, O Cepete, As Apegaxiñas, a la Billarda, A Roma (los niños), Os Triqueles (las niñas), a la pelota (las pelotas estaban hechas de lana cubiertas con goma de zapatilla por dentro.) También jugábamos A Rigoleta. Venía a menudo un hombre con una máquina de hacer cine, ponía una sábana blanca a modo de pantalla y cobraba por ver la película. Iba todo el pueblo y cada uno llevaba su banco o silla para sentarse. Se llamaba cine Chandoiro. En carnavales también lo pasábamos muy bien, nos disfrazábamos por la noche y nos íbamos a asustar a la gente a sus casas. Uno se disfrazaba de vacaloura y corría detrás de la gente.

 

RW: Pero en aquellos tiempos imagino que no todo era diversión, había que ayudar en las tareas de casa o trabajar desde muy joven, ¿no?

 

Julia: Ay, si. Yo iba con mi padre en un carro tirado con bueyes a buscar leña a la sierra para poder hacer la comida, que se hacía sobre una losa. También había que labrar el campo, cavar, sembrar. Se sembraba para comer, sobre todo. Se sembraban berzas para hacer el caldo y para los animales, y también patatas, habichuelas, pimientos, trigo, había que ir a recoger las castañas para comerlas, venderlas y para los animales.

 

RW: ¿Qué enfermedades eran las más peligrosas en aquellos tiempos?

 

Julia: La tuberculosis era malísima, la casa donde entraba morían casi todos los jóvenes. Se sabía que uno tenía tuberculosis porque perdía las ganas de comer, tenía vómitos de sangre, y muchos costipados – la tuberculosis afectaba a los pulmones –

Al enfermo de tuberculosis se le lavaba la ropa separada, se sentaba siempre en su silla, tenía sus propios cubiertos y plato separados de los demás, pues la enfermedad era muy contagiosa. Mi madre murió de tuberculosis. Otras enfermedades muy malas eran la gripe y la difteria (en los bebés.)

 

RW: ¿Qué me puedes contar de cosas tan normales hoy en día en muchos hogares como la luz eléctrica o la TV?

 

Julia: Teníamos un candil de gas para dar luz, después durante la guerra no había gas así que nos las apañábamos haciendo un agujero en una remolacha o un nabo, se llenaba de sebo y se ponía una mecha – como una vela actual de cera –

Tras la guerra civil, tuvimos candiles de carburo (tenían la forma de una cafetera.) Félix el que vive frente al caño de Roblido – nos cuenta – tiene guardados en su casa todo tipo de artilugios antiguos como los que hemos hablado.

 

RW: ¿Y Televisión?

 

Julia: Teníamos una tele para todo el pueblo (estaba en el bajo de Herminio.) Íbamos por las noches.

 

RW: ¿Había agua suficiente?

 

Julia: Si, agua había de sobra, pero había que ir a buscarla a los pozos. El agua para regar también había que ir a buscarla a la sierra para abrir y cerrar el tanque que estaba en la falda de la sierra de la cabeza. Se regaba cada 9 días. Otra cosa era para ducharse, que había que calentar agua en una olla y se echaba en un barreño de cinc con agua fría para graduar la temperatura.

 

RW: ¿Cómo se hacían las compras antes? Lo más normal: pan, carne, pescado, hortalizas,…

 

Julia: Había 4 hornos de pan en el pueblo, uno era nuestro. La gente amasaba el pan en sus casas y nos lo traía para cocerlo, la forma de pago era con el propio pan. Muchos años más tarde subiría el panadero a Roblido, que hacía sonar el claxon para anunciar al pueblo que había llegado.

El pescado venían a venderlo subidos en burros. El bacalao era barato, así que se podía comprar sin problema.

La carne no era tan fácil llevarla a la boca. Se comía algo de caza, la carne de cerdo mientras duraba (que era poco tiempo) pues los jamones había que venderlos para comprar harina (para el pan.)

El resto de comidas era lo que se cosechaba (patatas, guisantes, habichuelas, lechuga.) Las “recetas” más conocidas eran el caldo de berzas y Os Bullotes (castañas asadas)

 

RW: Entonces, para ganarse la vida, el dinero llegaba de…

 

Julia: Se vendían castañas, vino, ganado, jamones, huevos, o se trabajaba para el rico cavando en sus tierras, segando hierba o en las minas.

 

RW: Roblido está situado a gran altitud y era una pequeña aldea. Muchas veces había que bajar a A Rua. ¿Cómo hacíais para subir y bajar a A Rua?

 

Julia: Había caminos de carros, pero la gente cuando iba andando tomaba atajos y no seguía el camino del carro para llegar antes. Después, mucho tiempo más tarde, acabaron construyendo una carretera – en la actualidad está en perfectas condiciones y asfaltada –

 

RW: ¿Cómo se vivió la Guerra Civil Española en Roblido?

 

Julia: Había gente con distinta opinión en el pueblo, pero nunca llegó la sangre al río. La zona en la que estábamos era de los nacionales (de Franco) y obligaban a ir a la guerra a los hombres. Hubo algunos, llamados los escapados, que huyeron a la montaña para que no los pillaran para ir al frente pensando que la guerra duraría pocos días. Allí les acercaban comida los habitantes del pueblo, hasta que finalmente bajaron viendo que la guerra duraba mucho.

Hay una anécdota que es que al Tío Eliseo le pilló la guerra en Alicante y se tuvo que alistar al frente por el bando contrario. En la guerra se encontró con su hermano el Tío Pepe y aprovechó la ocasión para cambiarse de bando y volver con su gente.

De Roblido murieron dos personas en la guerra, el Tío Toño y Jesús. Pero otros tantos vinieron malos de la guerra de las calamidades que habían pasado y murieron al poco tiempo. También algunos vinieron heridos.

 

RW: ¿Qué me puedes decir de la Iglesia de Roblido? ¿Hubo algún comercio o bar?

 

Julia: A la Iglesia se iba una vez al mes pues era cuando venía el cura, salvo que hubiera algún entierro. Como comercios había dos ultramarinos, uno era la cantina del Tío Miguel y otro del Tío Severino. El bar estaba el del Tío Maravillas, donde se hacían bailes y títeres. Después, cuando la escuela cambió de sitio, en la casa de Inés se puso el bar – en la actualidad el bar de Roblido está situado en la antigua escuela que está cerca de la Iglesia –

 

RW: ¿Dónde os reuníais los jóvenes de pequeños?

 

Julia: Pues mira, por ejemplo, íbamos mucho a la Fraga de Mallar a merendar, allí llevábamos nuestra ensalada de berros las chicas para que los chicos no nos la vieran pues nos la quitaban. En la Fraga de Mallar es dónde se mallaba el trigo.

 

RW: En la montaña, a parte de recoger leña e ir a buscar el agua para regar…

 

Julia: Pues íbamos también a pastorear los ganados, la mayoría cabras y ovejas. Íban siempre cinco pastores y llevaban el ganado de todo el pueblo (sobre unas 1000 cabezas.) Había turnos entre los pastores que tenían que llevar al monte el ganado y el que más cabezas ponía tenía que subir al monte más veces.

 

RW: Finalmente, desde tu experiencia personal, ¿qué cosas notas que han cambiado más desde aquél entonces hasta nuestros tiempos?

 

Julia: Uy, muchísimas cosas. Sobre todo las comodidades de ahora con las lavadoras por ejemplo que pulsas un botón y lo hacen todo, antes había que ir a lavar al arroyo con la ropa sobre la cabeza en una tina y otro caldero en la mano.

También los hornos, pues antes había que partir leña, ahora está el butano y con un botón se enciende la lumbre.

También cosas como la luz eléctrica, la televisión como entretenimiento, el agua corriente pues antes había que ir a buscarla.

Tampoco antes había desagües como los de ahora.

La ropa la hacía una modista o un sastre o te la hacías tu mismo.

Para leer, por ejemplo, mi padre estaba suscrito al “Ideal Gallego” y también había muchos libros con historias de santos, novelas,… pero nada de lo de ahora con revistas del corazón y así.

Pero lo que si que había era mucha hambre y hoy en día vivimos mucho mejor. Antes se luchaba para la supervivencia, por llevar la comida al plato cada día.

 

RW: ¿Y que echas de menos de antaño?

 

Julia: Pues… la armonía de la gente, el pueblo era más… familiar, ahora la gente en general de todas partes es más independiente, los tiempos han cambiado, no se quiere la gente como antes. Si necesitabas algo lo pedías al vecino, y ahora prefieres ir a comprarlo al centro comercial.

 

RW: ¿Cuánta gente vive en Roblido ahora y cuanta vivía antes?

 

Julia: Antes todas las casas estaban habitadas, éramos más de quinientos habitantes, habría unas ochenta casas, y en cada una de ellas había por lo menos 8 personas contando a los padres, hijos y abuelos, y algún que otro tío. Tener 3 ó 4 hijos era lo normal. Además, había familias como Ángel y Concha de Severino que tenían 11 hijos, Manuel el Cireixeiro y Aurelia que tuvieron 8 hijos, Paco y Ramira y Verísimo y Carmen que tuvieron ambas parejas 7 hijos, Jesús el Zarapa y Adelaida tuvieron 6 hijos,…

Hoy en día quedan en Roblido 15 hombres y 11 mujeres – en Semana Santa y sobre todo en verano llegan a Roblido muchas familias procedentes de Madrid, Barcelona, Asturias, Bilbao, etc. que llenan el pueblo de juventud, ambiente y diversión escuchando las risas de los niños al jugar –

 

Agradeciendo su tiempo y dedicación prestadas a esta entrevista y siendo ya hora de comer tras 2 horas y media de charla, me despido de Julia, Manolo y Loli comentándoles la experiencia que supone tener la página web en Internet y que todos cuantos visitan Roblido durante el año y los emigrantes que partieron hace mucho tiempo tengan la oportunidad de reencontrarse de nuevo, charlar, contar sus vidas y tener un punto de encuentro en Internet, aprovechando las nuevas tecnologías de comunicación actuales.